EL RIESGO SISMICO Y COMO ACTUAR

El terremoto de magnitud 7,4 registrado en Colombia volvió a poner bajo atención el riesgo sísmico en distintos puntos de Sudamérica. En Metán, donde la peligrosidad está clasificada en el nivel 3 de una escala que llega hasta 4, comenzaron a reforzarse las capacitaciones en escuelas y se plantea la necesidad de actualizar protocolos, croquis de evacuación, funciones del personal y planes familiares.
Hace 2 horas SOCIEDAD


El profesor León Chancalay, explicó que la ciudad se encuentra en la zona sísmica 3. La clasificación pertenece al Instituto Nacional de Prevención Sísmica —INPRES— y no al Servicio Meteorológico Nacional, como suele confundirse.

El mapa argentino contempla cinco zonas, numeradas de 0 a 4. La número 4 es la de mayor peligrosidad. Metán se encuentra un escalón por debajo, dentro de una franja que requiere medidas de prevención y construcciones adecuadas.

El INPRES define la peligrosidad sísmica como la probabilidad de que el suelo alcance determinada amplitud de movimiento dentro de un período. No significa que exista una alarma inmediata ni permite establecer la fecha de un próximo terremoto.

“Estamos en la zona 3 y la máxima es la 4. El riesgo para nuestra región es importante y por eso debemos estar prevenidos ante la posibilidad de un movimiento sísmico de consideración”, señaló Chancalay.

Los sismos no pueden pronosticarse

A diferencia de las condiciones meteorológicas, los terremotos no pueden anunciarse con anticipación. Un pronóstico permite estimar las temperaturas, las lluvias o las condiciones del tiempo para las horas siguientes. En materia sísmica, no existe una herramienta capaz de precisar el día, el horario y la magnitud de un futuro movimiento.

Esa falta de previsibilidad obliga a trabajar antes de la emergencia. Las personas deben conocer los lugares seguros, las instituciones necesitan asignar funciones y cada familia debería acordar cómo actuar si sus integrantes se encuentran separados.

Chancalay sostuvo que la capacitación no busca generar temor, sino evitar que la falta de preparación agrave las consecuencias de un movimiento. En los sismos de gran intensidad, buena parte de las lesiones se produce por caídas, desprendimientos, vidrios, objetos pesados o intentos desordenados de abandonar los edificios.

Los antecedentes que dejó la historia

La región cuenta con antecedentes suficientes para no tomar el riesgo sísmico como un asunto lejano. El primer registro escrito de un terremoto en la Argentina corresponde al ocurrido el 13 de septiembre de 1692 en la ciudad colonial de Nuestra Señora de Talavera de Esteco. El movimiento destruyó el antiguo poblado, provocó derrumbes en el Valle de Lerma, dejó víctimas y fue seguido por réplicas durante varios días.

El hecho quedó incorporado a la historia y a la tradición religiosa de Salta. Chancalay mencionó esos antecedentes al referirse a las celebraciones vinculadas con el Señor y la Virgen del Milagro, surgidas en una región marcada desde hace siglos por este tipo de fenómenos.

También recordó el terremoto del 25 de agosto de 1948, con origen en el este salteño, que produjo daños en diferentes poblaciones de Salta y Jujuy. El INPRES considera que fue uno de los movimientos de mayor trascendencia registrados en el noroeste durante el siglo XX.

El antecedente más cercano ocurrió el 17 de octubre de 2015 en El Galpón. El sismo tuvo una magnitud de 5,8 y una intensidad VII en la escala Mercalli. Murió una persona, otras 30 resultaron heridas y alrededor de 170 viviendas sufrieron daños. Veinte debieron ser demolidas.

En octubre de 2021, otro movimiento de magnitud 4,8 tuvo su punto de origen a 19 kilómetros al este de Metán. Fue percibido en la ciudad, El Galpón, Salta capital y San Miguel de Tucumán. Un informe oficial describió a la cuenca de Metán como una región de peligrosidad sísmica moderada a elevada, con fallas y pliegues relacionados con la actividad tectónica.

Colombia, Venezuela y las placas tectónicas

Durante la entrevista se analizaron los movimientos registrados en Colombia y otros episodios atribuidos a Venezuela, entre ellos dos eventos mencionados con magnitudes de 7,2 y 7,5. También se planteó si el acomodamiento de las placas en el norte del continente podría repercutir en la región de Metán.

Chancalay explicó que en Colombia, Venezuela, México y el Caribe intervienen distintos contactos entre placas, entre ellas la del Caribe y la de Cocos. En el territorio argentino, la actividad sísmica está asociada principalmente con el avance de la placa de Nazca por debajo de la Sudamericana.

La entrevista incluyó una hipótesis sobre la posible continuidad de una de esas estructuras hacia el Atlántico y la existencia de movimientos registrados frente a la costa argentina. Chancal ay evitó presentar esa interpretación como una conclusión científica.

“No podría aseverarlo porque no soy especialista en geología. Mi trabajo está relacionado con la preparación de la comunidad para disminuir las consecuencias de una situación adversa”, aclaró.

También surgió una comparación entre la falla de San Andrés, ubicada en América del Norte, y estructuras geológicas cercanas a El Galpón, Metán y Rosario de la Frontera. Esa semejanza fue planteada en términos generales durante la entrevista, pero no implica que se trate de una misma falla ni que exista una conexión directa entre ambas.

Los organismos especializados explican que los sismos del sudeste salteño se producen dentro de la placa Sudamericana y están vinculados con las presiones que genera, desde el oeste, el hundimiento de la placa de Nazca. Por ese motivo, no corresponde afirmar que el terremoto de Colombia vaya a provocar por sí mismo un movimiento en Metán.

Por qué resulta peligroso correr

Un sismo no mueve el suelo en una sola dirección. La energía se transmite mediante diferentes ondas, capaces de producir desplazamientos verticales, laterales y ondulantes.

Las ondas P son las más rápidas y las primeras en llegar. Comprimen y expanden el terreno en la dirección en que se propagan. Las ondas S llegan después y generan movimientos perpendiculares. En la superficie también aparecen las ondas Love, con desplazamiento horizontal, y las Rayleigh, movimiento que puede compararse con una ondulación.

Señaló que el sonido percibido en algunos videos de Colombia —semejante al avance de un tren— podría corresponder a la llegada de las primeras ondas. Las características del terreno, la construcción y la distancia respecto del lugar de origen influyen en la forma en que cada persona percibe el movimiento.

Cuando el suelo cambia de posición de manera rápida, el cerebro pierde sus referencias habituales. Caminar o correr se vuelve difícil y una persona puede caer antes de alcanzar la salida. En una escuela, un comercio o una oficina, una caída frente a una puerta puede bloquear el único paso disponible y provocar que otros tropiecen encima.

“Una de las cosas que no debemos hacer es tratar de correr. En las imágenes de Colombia se observa a una mujer que intenta hacerlo y se cae, porque el piso está cambiando de distancia y la percepción no alcanza a acompañar ese movimiento”, explicó.

El miedo también altera la reacción. Algunas personas sienten que lo que ocurre se desarrolla en cámara lenta otras quedan paralizadas o toman decisiones impulsivas. Por eso, Chancalay insistió en que la conducta de quien dirige un grupo puede ordenar o descontrolar al resto.

Mantener la calma también significa no gritar

La primera recomendación es conservar la calma. No se trata solamente de permanecer quieto, sino de evitar gritos y órdenes contradictorias.

Dentro de un ambiente cerrado, los gritos se multiplican y pueden generar miedo colectivo. Cuando ese miedo se transforma en pánico, todos intentan salir al mismo tiempo, sin observar qué ocurre en el piso, las paredes, las puertas o el exterior.

“Lo primero es no gritar. El grito genera temor en los demás y puede terminar en pánico. Cuando aparece el pánico, todos quieren abandonar el lugar sin tomar ningún recaudo”, advirtió.

Las recomendaciones oficiales del INPRES indican no correr hacia las salidas, protegerse de objetos pesados y vidrios, alejarse de ventanas, cornisas, cables y revestimientos, y ubicarse debajo de un mueble firme o en una zona segura previamente señalizada.

Si no existe un mueble que ofrezca resguardo, se debe adoptar una posición de protección y cubrir la cabeza. En las escuelas pueden utilizarse carpetas, mochilas o los brazos para disminuir el riesgo de golpes por la caída de cielorrasos, lámparas u otros elementos.

Chancalay puso especial atención en la protección de la cabeza. Una lesión en esa parte del cuerpo puede provocar desorientación, pérdida del equilibrio y dificultades para reconocer las distancias o seguir indicaciones.

Las capacitaciones en las escuelas

Las charlas ya comenzaron en distintos establecimientos primarios de Metán. Una de las primeras actividades se realizó en la escuela Juan Vucetich y está previsto continuar en otros colegios.

El trabajo contempla tres encuentros con cada institución. La primera instancia está destinada a los alumnos, docentes, directivos y personal de mantenimiento. Luego se profundizarán las funciones de cada sector y, finalmente, se realizará un simulacro.

El objetivo es que toda la comunidad educativa sepa qué puede ocurrir durante el movimiento, dónde debe protegerse, cuándo corresponde evacuar y hacia qué lugar seguro tendrá que dirigirse.

El personal de mantenimiento cumple una función importante porque conoce las instalaciones, las llaves de paso, los tableros eléctricos y los accesos. Los docentes, por su parte, deben permanecer con los alumnos y conducir el procedimiento sin abandonar el aula de manera impulsiva.

Chancalay relató una experiencia conocida durante capacitaciones anteriores. Una docente que trabajaba en una escuela rural le contó que, al comenzar un sismo, salió corriendo del aula. Cuando llegó al patio recordó que los alumnos habían quedado adentro y regresó a buscarlos.

“Eso es, justamente, lo que buscamos que no suceda. Para evitarlo no alcanza con una charla hace falta un plan de trabajo y una práctica constante”, sostuvo.

Cada institución necesita su propio croquis

En estaciones de servicio, salones, comercios y otros edificios suelen encontrarse planos de evacuación para incendios. Chancalay consideró necesario recuperar y actualizar esos croquis para las emergencias sísmicas.

Recordó que varias escuelas tuvieron este tipo de material y que todavía puede observarse uno en la Escuela de Manualidades. Sin embargo, no todos los edificios lo mantienen expuesto ni actualizado.

Un mismo recorrido no sirve necesariamente para cualquier contingencia. La evacuación por incendio puede ser diferente de la prevista ante un sismo o una inundación. Una salida segura frente al fuego podría quedar comprometida por mampostería, vidrios, postes o cables durante un terremoto.

El croquis debe indicar las salidas, los sectores de resguardo y el punto de reunión exterior. También necesita estar acompañado por una distribución de funciones: quién corta la electricidad, quién cierra el gas, quién abre los accesos, quién controla los grupos y quién asiste a las personas con movilidad reducida.

La cadena de mando debe contemplar reemplazos. El responsable principal puede estar ausente, lesionado o incomunicado. Si nadie sabe quién continúa al frente, los primeros minutos pueden perderse en discusiones o decisiones contradictorias.

El estrés cotidiano también puede influir. Chancalay advirtió que algunas personas llegan a una emergencia con una fuerte carga emocional y podrían no estar en condiciones de cumplir la tarea asignada. De allí la necesidad de prever sustitutos.

El impulso de salir a buscar a los hijos

Si el movimiento ocurre durante el horario escolar, muchos padres intentarán trasladarse de inmediato hasta la escuela. Esa reacción es comprensible, pero puede sumar caos en las calles y exponer a las familias a postes caídos, árboles dañados, cables, paredes inestables o tránsito desordenado.

La preparación de las instituciones debe ofrecer una referencia cierta. Las familias tienen que saber que los alumnos permanecerán acompañados, que existe un procedimiento y que serán trasladados a un punto de encuentro previamente comunicado.

“Primero hay que procurar que uno y las personas que están cerca estén bien. Después se podrá buscar a los demás. La tranquilidad aparece cuando sabemos que la institución donde está un hijo o un familiar se encuentra preparada”, explicó Chancaray.

Ese criterio también se aplica a hospitales, oficinas, clubes, comercios y cualquier lugar que reúna personas. La prevención no puede quedar limitada a las escuelas.

Los servicios pueden quedar sobrepasados

Metán cuenta con, al menos, 16 instituciones educativas, además del hospital, dependencias públicas, comercios, clubes y barrios enteros que podrían necesitar asistencia de manera simultánea.

Chancalay planteó que, ante un movimiento importante, dos o tres establecimientos podrían registrar problemas al mismo tiempo. En esas condiciones, no será posible disponer inmediatamente de policías, bomberos, rescatistas y ambulancias en cada punto.

La ciudad tiene tres ambulancias, según señaló durante la entrevista, pero ya hubo oportunidades en las que las tres se encontraban ocupadas. En un sismo, el traslado de heridos podría coincidir con otras urgencias habituales.

Por ese motivo, cuestionó los ejercicios en los que todos los servicios están preparados de antemano en la puerta de la institución. Un simulacro debe servir para medir demoras, detectar fallas y comprobar qué puede hacer cada establecimiento mientras llega la ayuda.

La práctica necesita suficiente realismo para evaluar la respuesta, aunque siempre debe organizarse con los resguardos correspondientes. No se trata de poner en riesgo a los participantes, sino de evitar una representación en la que todo funciona porque los recursos ya están ubicados en el lugar.

“En una emergencia verdadera, la ambulancia, la Policía y los bomberos no van a estar necesariamente al lado nuestro. Lo difícil es saber qué hacer cuando esas herramientas no están disponibles”, señaló.

Un mapa de riesgo elaborado años atrás

Chancalay recordó que hace unos 15 o 16 años se trabajó en un plan de contingencia para Metán. El análisis consideraba qué podría ocurrir si un sismo de magnitud aproximada entre 5,5 y 6 tuviera su punto de origen cerca de la ciudad.

La propuesta contemplaba la participación de preventores y personal de seguridad para realizar un relevamiento rápido de los sectores con construcciones más débiles. También se elaboró un mapa de riesgo que, según indicó, conserva buena parte de su vigencia.

El plan incluía una cadena de mando para que la respuesta pudiera comenzar aun cuando el secretario de Seguridad u otra autoridad no estuvieran disponibles. Cada responsable debía tener un reemplazo y conocer previamente sus funciones.

La experiencia de El Galpón mostró que un movimiento ocurrido a unos 30 o 40 kilómetros en línea recta puede sentirse con intensidad en Metán. Si un episodio similar tuviera su origen más cerca, las consecuencias podrían ser mayores.

La situación de las construcciones

Las estructuras son uno de los principales motivos de preocupación. Durante la entrevista se planteó la necesidad de que arquitectos e ingenieros civiles analicen las condiciones de las viviendas, escuelas y edificios públicos de la ciudad.

Chancalay recordó la existencia del mapa de riesgo, aunque una evaluación actualizada debe ser realizada por profesionales especializados. La antigüedad de las construcciones, los materiales utilizados, las ampliaciones, las remodelaciones y la ausencia de refuerzos pueden modificar su comportamiento ante un sismo.

El INPRES distingue entre construcciones sismorresistentes, razonablemente sismorresistentes, de vulnerabilidad media y no sismorresistentes. Dentro del último grupo se encuentran las edificaciones de adobe y aquellas que, pese a utilizar ladrillos u hormigón, no fueron preparadas para resistir fuerzas horizontales.

Las escuelas, hospitales, cuarteles de bomberos y dependencias de servicios esenciales requieren un nivel de seguridad superior porque deben seguir funcionando después de la emergencia.

Qué hacer dentro de una casa

Si el sismo comienza mientras una persona está en su vivienda, debe mantener la calma, alejarse de ventanas y objetos que puedan caer, y protegerse debajo de un mueble firme o en un sector previamente reconocido como seguro.

No debe correr hacia la calle sin observar las condiciones del exterior. Tampoco debe utilizar ascensores, encender fósforos ni accionar interruptores si sospecha que existe una pérdida de gas.

Mencionó la importancia de cortar el gas y la electricidad. Las pautas del INPRES recomiendan que esas funciones sean asignadas de antemano y que, después del movimiento, se verifique la existencia de pérdidas antes de volver a utilizar los servicios. Durante la fase más intensa, la prioridad es proteger la vida y no desplazarse hacia sectores peligrosos.

Una vez terminado el movimiento, se debe comprobar si hay heridos, evacuar ordenadamente cuando existan daños, ayudar a niños y adultos mayores y evitar el uso innecesario de teléfonos, calles y servicios de emergencia. La asistencia puede demorar.

Los postes, transformadores, árboles, cornisas y paredes debilitadas pueden convertirse en nuevos peligros. También pueden producirse réplicas, por lo que no corresponde regresar a una estructura dañada sin una revisión profesional.

Las imágenes de Colombia como advertencia

Uno de los videos analizados durante la entrevista muestra a un grupo de trabajadores en la parte alta de una construcción en Colombia. En lugar de correr, las personas permanecieron sujetas a la estructura mientras una de ellas impartía indicaciones para evitar los gritos y mantener al grupo unido.

Para Chancalay, la grabación permite observar la importancia de que alguien conserve el control y dé instrucciones breves. También muestra la dificultad para mantenerse de pie y el sonido que puede acompañar la llegada de las ondas sísmicas.

Una simulación no puede reproducir con exactitud esa fuerza, pero las imágenes ayudan a comprender una situación que buena parte de la población nunca vivió. El propósito de las capacitaciones es acercar esa realidad sin generar pánico y convertirla en aprendizaje.

Un trabajo que debe continuar

Al finalizar la entrevista, Chancalay agradeció al intendente José María Issa por permitirle representar al municipio en las capacitaciones y por confiarle el desarrollo de las charlas.

También recurrió a una referencia atribuida a Platón para explicar el sentido de la tarea: estudiar sin aplicar el conocimiento sería como arar el campo de manera permanente y nunca sembrarlo.

“La idea es transmitir lo que uno sabe y las experiencias que ha tenido para que las nuevas generaciones puedan resguardar su propia seguridad y la integridad de sus seres queridos”, expresó.

Las capacitaciones iniciadas en las escuelas representan una primera etapa. El planteo es ampliarlas hacia organismos públicos, empresas, clubes, comercios y organizaciones comunitarias.

Metán no puede saber cuándo ocurrirá el próximo sismo ni qué magnitud tendrá. Sí puede definir responsables, revisar edificios, actualizar croquis, practicar evacuaciones y enseñar qué hacer durante los primeros minutos. En una zona sísmica 3, esa preparación no es accesoria: forma parte de la seguridad cotidian

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