
Mi corazón es el casco de un caballo salvaje.
Galopa desde el sur eternamente,
donde la nieve espera como un niño con fiebre.
Hay una cruz de palo sobre la tumba ciega,
el esqueleto del soldado combate en la penumbra,
le tira tarascones a la muerte,
la aguijonea,
le zumba en las polleras,
la amenaza con la eternidad.
Le clava entre los ojos una rosa de piedra.
Yo soy ese soldado
y soy el pueblo que esculpe en la memoria:
Volveremos!
Que grita: Volveremos!
La muerte sabe
que siempre
Volveremos
Hugo Francisco Rivella
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