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Las juventudes mexicanas viven esta época entre pocas certezas y diversas contradicciones: aunque siguen valorando profundamente a sus familias y la educación, cada vez encuentran mayores dificultades para construir autonomía, desconfían de las instituciones políticas, habitan la cultura digital —cada vez de una manera más crítica— y buscan espacios de pertenencia, reconocimiento y sentido.
Así lo concluye el estudio "Jóvenes en México 2026", de la Fundación SM y el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica, a partir de los resultados de una encuesta realizada a mil 200 jóvenes de entre 15 y 29 años en México, una muestra representativa de una población juvenil estimada en 32.7 millones. El estudio examina las dimensiones familiares, educativas, de empleo, relaciones personales, participación social y política, lectura, medio ambiente y uso del tiempo y cuidados de las trayectorias juveniles.
Ante las situaciones que más les frustran, como no tener dinero o no tener inmediatamente las cosas que quieren, la familia sigue siendo su principal refugio, a tal grado que el 76 % de las personas jóvenes sigue viviendo con su familia de origen, mientras el 15.9 % ha formado una nueva familia y solo el 8 % vive de manera independiente.
De acuerdo con la encuesta, 4 de cada 10 personas jóvenes sienten que no encuentra su lugar. Foto: Cuartoscuro
"El estudio nos invita a entender este fenómeno, no como una cuestión exclusivamente emocional sino como el reflejo de unas instituciones y unos vínculos que, para una parte de las personas jóvenes, están perdiendo capacidad para ofrecer apoyo, confianza y horizontes de futuro", apunta el documento, que se presenta este miércoles en el Centro de Cultura Digital en la Ciudad de México.
Entre los resultados, llama la atención que 4 de cada 10 personas jóvenes sienten que en muchas ocasiones no encuentra su lugar: "nos genera interés porque nos damos cuenta de algunos procesos de desafiliación que están experimentando los jóvenes respecto de espacios que tradicionalmente han estado muy asociados con su sentido de pertenencia y sus procesos de desarrollo", comenta en entrevista Cecilia Espinosa, directora de la Fundación SM.
Dichos espacios pueden ser la escuela, el trabajo, la familia o incluso las relaciones afectivas. El estudio confirma, por ejemplo, que la familia sigue siendo el espacio más valorado como principal lugar de apoyo; sin embargo, paradójicamente, esa valoración convive con diversas dificultades.
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Por ejemplo, un 12.2 % señala que aquello que menos le gusta de su familia son las discusiones a gritos o con agresiones físicas, mientras que 10.4 % menciona desacuerdos por pensar diferente. Adicionalmente, aparecen la falta de comunicación, la sensación de no ser comprendido o la percepción de que la familia no le presta suficiente atención a sus preocupaciones.
"Estas dificultades se hacen especialmente visibles cuando se examinan cuestiones afectivas y sexuales. Una parte importante de la juventud conversa poco con su familia sobre estos temas y alrededor de cuatro de cada diez sienten que su familia no los entiende o que no tienen con quién hablar, una apreciación que afecta ligeramente más a las mujeres", consigna el documento.
El 76 % de las personas jóvenes sigue viviendo con su familia de origen. Foto: Cuartoscuro
"Vamos viendo algunas tensiones: si bien la familia es el espacio más valorado y sigue siendo el referente de los jóvenes, hay algunas tensiones en la comunicación y en el acompañamiento afectivo. Otra cosa que vemos, dentro de otra de las instituciones más valoradas, es la escuela. De alguna manera, la educación sigue siendo muy valorada por los jóvenes", explica Espinosa.
Sin embargo, en ese aspecto también existe una paradoja: aunque 8 de cada 10 personas jóvenes quieren seguir estudiando, con frecuencia por condiciones económicas, sociales o incluso de género, encuentran posibilidades limitadas de convertir la educación en un espacio aspiracional que les permita una vida distinta.
Pese a que 29.5 % quiere hacerlo para conseguir un mejor empleo, 21.4 % para adquirir más conocimientos y 17.7 % para ganar más dinero, es decir, perciben al estudio como una vía de movilidad social y mejora de condiciones de vida, esas expectativas chocan con la realidad.
Entre quienes abandonan sus estudios, 62.4 % lo hace por factores externos —tener que trabajar, o falta de dinero o recursos—. Por otro lado, el embarazo o la maternidad explican 13.5 % de las interrupciones educativas entre las mujeres, frente a 1.2 % en los hombres, una tendencia similar a la documentada por Animal Político en la investigación Cuidadoras sin oportunidades: marginación con rostro de mujer.
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En el ámbito laboral el panorama es similar, pues el acceso al empleo no les garantiza estabilidad o autonomía económica, aunque fuera limitada. Si bien suelen incorporarse principalmente a los sectores de servicios, enfrentan bajos salarios, escasas prestaciones, condiciones de precariedad y una elevada informalidad, que alcanza al 58.8 %.
De acuerdo con los datos de la encuesta, 39.6 % trabaja exclusivamente y otro 12.8 % compagina empleo y estudios, una proporción que aumenta rápidamente con la edad. Entre quienes tienen 25 y 29 años, 61.7 % trabaja, mientras que solo 7.3 % continúa dedicado exclusivamente a estudiar.
En la transición al empleo también hay una desigualdad entre hombres y mujeres: entre los 25 y 29 años, 73.7 % de los hombres trabaja, frente a 53.3 % de las mujeres. En tanto, 39.7 % de las mujeres de esa edad no estudia ni tiene un empleo remunerado, frente a 11.2 % de los hombres, "una diferencia que se encuentra estrechamente vinculada con el aumento de responsabilidades familiares y de cuidados", precisa el documento.
La juventud mexicana mantiene una relación ambivalente con la vida pública: pese a que expresa un elevado compromiso con valores cívicos, como el orgullo de pertenencia al país, la libertad o la tolerancia, exhibe una marcada distancia respecto de las instituciones políticas tradicionales: el 76.6 % tiene poca o ninguna confianza en los partidos políticos y solo 15.7 % considera que tienen una alta capacidad para influir en las decisiones de gobierno.
Solo 15.7 % de las personas encuestadas considera que tienen alta capacidad para influir en las decisiones de gobierno. Foto: Cuartoscuro
En tanto, el 72.3 % no tiene confianza en el Congreso de la Unión, y un 63.9 % no confía en el gobierno. Las universidades y el sistema educativo permanecen entre las instituciones que generan mayor confianza. Esa desconfianza no necesariamente implica un alejamiento de los asuntos públicos desde otro tipo de organizaciones, como las deportivas, culturales, educativas o religiosas, o mediante causas concretas entre las que se encuentran el medio ambiente y las manifestaciones.
Por otro lado, la tecnología forma parte de su vida cotidiana, pero tienen una relación cada vez más crítica hacia ella. Tres de cada 4 jóvenes consideran que facilita su vida diaria, 88 % la usa para aprender cosas nuevas y 83 % adopta medidas para proteger sus datos personales en internet; 76 % asegura que verifica la información que encuentra antes de compartirla, de lo que se concluye que existe una creciente conciencia sobre los riesgos del entorno digital.
La otra cara de esa valoración positiva es la percepción en torno de sus consecuencias: un 67.7 % reconoce que la tecnología los distrae de asuntos importantes, 60 % considera que las redes sociales generan más problemas que beneficios, 57.3 % afirma haber sentido saturación hasta la necesidad de desconectarse, y más de la mitad admite que pasa en ellas más tiempo del que le gustaría.
"Ahí es en donde empezamos a identificar una mirada más crítica, que no implica necesariamente un rechazo de la tecnología, sino una relación tal vez un poco más compleja con el mundo digital. De alguna manera hay una mayor conciencia de los efectos que está teniendo sobre sus vidas el uso de la tecnología, el exceso de conexión, el desgaste o la influencia que las plataformas ejercen sobre su vida cotidiana", apunta Espinosa.
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De acuerdo con la encuesta, la expansión de las tecnologías digitales, además, no ha desplazado a la lectura de su universo cultural, e incluso seis de cada diez prefieren hacerlo en papel, frente a 28.9 % que opta por el celular. Un 59.6 % de las juventudes afirma que le gusta leer, lo que incrementa a 65.8 % en mujeres y a 86.4 % en niveles socioeconómicos altos.
En cuanto a otros temas de la vida cotidiana, la encuesta refleja que entre las juventudes persisten patrones tradicionales: las mujeres concentran las responsabilidades domésticas y de cuidados, mientras que los hombres mantienen mayor peso en la provisión económica. Por otro lado, su tiempo disponible está condicionado por el estudio y el empleo, y dividen el ocio principalmente entre escuchar música, ver películas o series en línea, utilizar las redes sociales o navegar por internet.
Una de las preocupaciones más extendidas entre la juventud es aquella que expresan por el medio ambiente. Los principales problemas que identifican son la contaminación del agua y del aire, la escasez de agua y la acumulación de basura, aunque en sus entornos más cercanos lo que principalmente les afecta es la falta de agua.
El medio ambiente, una de las preocupaciones más extendidas entre la juventud mexicana. Foto: Cuartoscuro
Si bien cerca de la mitad sabe que combatir esos problemas requiere de cambiar la forma de consumir y reforzar la educación ambiental, no tiene la misma disposición a modificar sus hábitos personales: 71.4 % está poco o nada dispuesto a dejar de comer carne, 69.7 % a renunciar al teléfono inteligente y 63.1 % al coche particular.
Espinosa señala que hacer estos estudios es fundamental porque evidencian la necesidad de escuchar las voces de las juventudes y conocer sus realidades para entender qué está pasando, y que quienes atienden a estas poblaciones cuenten con datos relevantes que permitan ofrecerles mejores oportunidades.
"De alguna manera este informe busca poner esas evidencias al servicio de quienes diseñan las políticas públicas, quienes están educando a las juventudes, quienes están investigando sobre ellas, o incluso para las organizaciones de la sociedad civil, que están todo el tiempo haciendo y ofreciendo oportunidades también para las propias personas jóvenes", añade.
La especialista afirma que a las organizaciones autoras no solo les interesa quedarse en descubrir la información, sino contribuir a la divulgación, así como llegar a los tomadores de decisiones para que los hallazgos contribuyan a enriquecer la conversación pública e impulsar decisiones que amplíen oportunidades para las nuevas generaciones.
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En particular, se plantea que las transformaciones y la flexibilidad necesarias en diversas políticas públicas deben enfocarse, sobre todo, en los ámbitos educativo y laboral, así como en sistemas más flexibles que permitan combinar ambos y fortalecer la conexión entre ellos. A esto se suman la salud y otros aspectos que generan mayor preocupación entre los jóvenes, ante lo que es indispensable escucharlos, ofrecerles certezas y crear espacios donde puedan participar activamente y encontrar su propia voz.
"Al final sabemos que los jóvenes quieren estudiar; sin embargo, a veces los sistemas educativos son los propios expulsores de los jóvenes. Tienen el interés y ven en la educación esa aspiración para ascender y crecer, pero necesitamos sistemas educativos que ofrezcan oportunidades más atractivas. Un dato interesante es que algunos jóvenes dejan la escuela porque no les parece ya relevante estudiar; entonces, no está la educación cumpliendo el reto que tiene: atraer y retener a los jóvenes", señala.
Además de presentarse en el Centro de Cultura Digital este miércoles, en la Estela de la Luz —con transmisión también por redes sociales—, el estudio completo estará disponible en la página de la Fundación SM para libre descarga.