Red del Noa Plus - Radio FM Rosario de la Frontera - Salta
México no tiene que descubrir que su gastronomía puede atraer turistas. Para Valentina Ortiz Monasterio, chairman de The World's 50 Best y asesora de proyectos gastronómicos y turísticos en México, esa capacidad ha estado ahí desde hace décadas. Lo que ha cambiado es la manera en que los mexicanos miran su propia cocina y, sobre todo, el interés internacional por viajar para entender un territorio a través de lo que se come.
"Siempre ha estado. Simplemente hay una conciencia mayor y un orgullo más palpable de lo que somos y de lo que tenemos", explica Ortiz Monasterio. Esa valoración convierte a la gastronomía no solamente en un atractivo para quien llega del extranjero, sino también en una razón para que los propios mexicanos recorran el país.
Las estimaciones de la Secretaría de Turismo (Sectur) sobre el mercado de la hospitalidad en 2026 calculan que el sector en México alcanzará 61,310 millones de dólares este año, mientras los servicios de alimentos y bebidas concentran la mayor porción del gasto directo de los viajeros.
La comida, en otras palabras, ya participa de manera directa en la decisión de viaje y en el dinero que permanece en cada destino.
Cuando se le pregunta si México puede considerarse una potencia del turismo gastronómico, Ortiz Monasterio no duda.
"Desde luego que ya lo somos".
Su argumento parte de la escala, pero también de la diversidad. México posee cocinas regionales que cambian radicalmente de un estado a otro, ingredientes vinculados a geografías específicas, bebidas, mercados, cocineras tradicionales, restaurantes contemporáneos y cadenas productivas completas detrás de muchos de esos elementos.
"Somos un país tan grande" y con una cultura gastronómica "tan vasta y tan distinta en todas las regiones", señala. A su juicio, difícilmente existe otro país con la misma potencia para convertir ese patrimonio en una herramienta turística.
También reconoce que otros destinos han sido especialmente eficientes al momento de construir una narrativa internacional alrededor de su cocina. Cita el caso de algunos países nórdicos, que durante años trabajaron de manera coordinada para posicionar sus propuestas gastronómicas.
Valentina Ortiz MonasterioHUGO SALAZAR / EL ECONOMISTA