Red del Noa Plus - Radio FM Rosario de la Frontera - Salta
Han pasado seis meses desde que Donald Trump inició los bombardeos a Irán. Los dos objetivos estratégicos de su guerra eran, "un cambio de régimen" y que "nunca tengan la capacidad de tener un arma nuclear". Muy pronto tuvo que contradecirse en torno al primero: sus ataques aniquilaron a la gran mayoría del gobierno iraní, pero fueron reemplazados por un grupo más extremista en sus convicciones religiosas y antioccidentales. Los seis nombramientos de este fin de semana por parte del líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, a las posiciones militares más importantes de Irán son muestra de ello, en particular Mohsen Rezai, como el nuevo secretario del Comité Supremo de Seguridad Nacional, es otro ejemplo de este endurecimiento ideológico y militar.
Después de meses, gracias a los países que buscan la paz en la región (Qatar y Pakistán, particularmente), el 17 de junio se logró que ambas partes firmaran un Memorándum de Entendimiento (MOU); que para muchos desde su origen ha sido un Memorándum de Diferencias. Los 14 puntos son tan generales que cada parte interpreta los compromisos de manera distinta.
La capacidad de Irán de bloquear el Estrecho de Ormuz es el corazón de la debacle militar y política que la guerra representa para Donald Trump. El cese al fuego del MOU terminó el pasado 9 de julio, que, a raíz del ataque iraní a un buque, los Estados Unidos reiniciaron el bombardeo.
Trump está metido en un lío por múltiples razones, y no sabe cómo salir de esta pesadilla. Por un lado, le ha costado vidas y un desgaste terrible a la credibilidad y eficacia de su capacidad militar, además de billones de dólares. En segundo término, ha afectado el comercio mundial de petróleo, gas natural y fertilizantes (entre otros petroquímicos), desatando una inflación global y particularmente en su país. El precio del galón de gasolina rebasa los 4 dólares. En tercer lugar, Irán ha demostrado que tiene mayor capacidad para seguir atacando a sus vecinos árabes, aliados de Estados Unidos, al mismo tiempo que continúa financiando a sus aliados en la región: Líbano, Palestina y Yemen. Por si esto no fuese suficiente, los arsenales de misiles y otras armas de Estados Unidos utilizadas contra Irán están en sus niveles más bajos de la historia, al grado de que muchos expertos consideran que, literalmente, el Departamento de Guerra se está quedando sin "balas".
En medio de todo este desastre, Trump ha sido incapaz de convencer a Netanyahu de parar sus hostilidades en el sur de Líbano y, más grave aún, en Gaza, donde los ataques y matanza continúan, en la crisis humanitaria más terrible que se ha visto en décadas. Netanyahu este fin de semana volvió a darle una cachetada a Trump, rechazando el plan de la Casa Blanca para el desarme de Hamas, y permitir la reconstrucción de Gaza.
Regresando a Irán, para retomar la conversación a los términos del MOU, Terán exige el pago de billones de dólares que le permitan iniciar la reconstrucción de su país, y que se eliminen las sanciones comerciales impuestas a su economía.
Para lograrlo, los iranís no cederán el poder que les da Ormuz. A menos de 90 días de la elección intermedia de noviembre, Trump está urgido de una solución que le dé un poco de oxígeno a su aprobación. Las encuestas señalan que está en los niveles más bajos en la historia, y victorias como la del demócrata Abdul El-Sayed, en la elección primaria en Michigan rumbo al senado, son un claro testimonio del descontento contra la Casa Blanca por sus políticas económicas y la guerra.
¿Pero qué significa todo esto para México? Mucho. Significa que la visión del Plan México es más valiosa y atractiva para América del Norte. Nuestro país es el lugar estratégico para atraer inversiones en petroquímica, que ya no se darán en Medio Oriente, y sustituir la capacidad que se ha dañado a raíz de la guerra; puede ser la plataforma de mayor producción de electricidad para centros de datos; puede ser fuente de minerales críticos y el lugar donde se procesen en la carrera de IA; puede impulsar mayores inversiones en infraestructura para ampliar y modernizar nuestra capacidad logística; y más. El camino está trazado en la visión de la presidenta Sheinbaum, habría que acelerar el ritmo.