“Creí que me iban a matar”: presos del régimen relatan su paso por El Helicoide en Venezuela

2026-08-19 19:23:29 - MUNDO

Diez dirigentes políticos, activistas y miembros del Comando Con Venezuela relatan en el documental "Presos del régimen" cómo fueron detenidos en Venezuela después de las elecciones del 28 de julio de 2024, qué ocurrió durante sus traslados y cómo fue su permanencia en El Helicoide, en Caracas.

Henry Alviarez, Dignora Hernández, Gabriel González, Freddy Superlano, Perkins Rocha, Lourdes Villarreal, Luis Tarbay, Henry Salazar, Sulirma Vallenilla, Víctor Castillo y María Oropeza describen capturas en la vía pública y viviendas, interrogatorios, aislamiento, restricciones para acceder a abogados y familiares, así como las condiciones que, según sus testimonios, enfrentaron durante su reclusión.

La producción fue realizada por la consultora latinoamericana Methodo, bajo la dirección ejecutiva de Patricio Hernández, CEO de la organización. El documental reconstruye las experiencias de los protagonistas a partir de sus propios relatos y sitúa el incremento de las detenciones en los días posteriores a los comicios. Perkins Rocha explica que, después de la jornada electoral, comenzó a percibirse un escenario de tensión que coincidió con una mayor búsqueda de personas vinculadas al comando opositor.

"Después del 28 de julio, en el país empezó a sentirse un clima de rabia, frustración y de cierta agitación que poco a poco empezaba a brotar y, paralelamente, empezó a intensificarse la persecución y la búsqueda de personas ligadas al Comando con Venezuela", expresó.

Los testimonios describen procedimientos realizados por personas armadas, algunas con el rostro cubierto y en vehículos sin identificación visible. Los protagonistas relatan que en determinados casos no recibieron información sobre las razones de la detención ni tuvieron acceso inmediato a familiares o abogados.

María Oropeza, abogada, cuenta que durante su captura temió por su vida: "Yo creí que me iban a matar. Si ya lo han hecho con otros, por qué conmigo no".

La exdiputada Dignora Hernández relata que fue interceptada por un grupo de hombres y mujeres que bloquearon su paso. Según explicó, posteriormente entendió que la maniobra utilizada durante el procedimiento era conocida como una "rueda de pescado".

"Se acercaron unos hombres y unas mujeres y me hicieron lo que luego entendí en El Helicoide que se llama una 'rueda de pescado'. Es decir, no me dejaban avanzar. En algún momento sentí zozobra e incertidumbre y duda de lo que estaba pasando. Después entendí que estaba siendo víctima del sistema al que me enfrentaba", señaló Hernández.

Luis Tarbay, abogado defensor de derechos humanos, relató cómo fue detenido por personas armadas y con pasamontañas. Según explicó, el vehículo en el que se movilizaba fue bloqueado y, ante la falta de identificación de los hombres, inicialmente pensó que se trataba de un robo.

"Nos bloquearon el paso y de allí se bajaron personas armadas y con pasamontañas. No estaban identificados, no sabíamos en principio, incluso pensamos que era un robo", contó Tarbay. El abogado agregó que fue sometido a una detención que calificó como "forzosa, violenta" y que, durante el traslado, permaneció esposado con las manos hacia atrás y recibió golpes en las costillas durante aproximadamente una o dos horas.

El documental también recoge referencias a la denominada "operación Tuntún", un término que, según explica María Oropeza, abogada, es utilizado en los testimonios para describir procedimientos de detención realizados en domicilios.

"Cuando el régimen llega a tu casa con su operación Tuntún, no te pregunta quién eres, ni te dice para dónde vas. Simplemente van, te secuestran y tú te imaginas lo peor", señala Oropeza.

Los entrevistados aseguran que durante sus arrestos no recibieron información suficiente sobre las causas de las detenciones y que tampoco se les presentaron órdenes judiciales.

"En mi caso y en el de ningún caso de los detenidos, nunca se hizo participación de ninguna orden judicial", expresó Perkins Rocha. "No hubo información de ningún tipo sobre causas de detención ni motivos de la prohibición de llamada o de tener acceso a defensa", señaló Luis Tarbay. Fue violatorio de todos los principios fundamentales y elementales del derecho", añadió Henry Alviarez.

Los protagonistas también relatan que fueron llevados a firmar documentos en los que se hacía constar que habían recibido las garantías establecidas por la ley y la Constitución. Según sus testimonios, las firmas fueron obtenidas bajo amenazas.

El acceso a abogados de confianza también aparece como uno de los puntos señalados en el documental. Uno de los entrevistados explica que, pese a contar con familiares y colegas abogados disponibles para asumir su defensa, no pudo recurrir a ellos.

"En mi caso era irónico que yo no pudiese tener acceso a un abogado cuando fui presidente del Colegio de Abogados, fui director de una escuela de Derecho, director fundador, fui miembro de la Federación de Colegios de Abogados de Venezuela, fui docente; o sea, tenía todas las posibilidades de tener un abogado de confianza en mi familia y más de 15 abogados", relata Henry Alviarez. Según su testimonio, planteó esta situación ante el juez, pero no pudo acceder a un abogado de su confianza.

La narración de otro de los protagonistas señala que, una vez dentro de El Helicoide, las referencias a procedimientos judiciales y defensa legal quedaron limitadas.

Los testimonios describen el ingreso al centro de reclusión como un momento en el que los detenidos perdieron parte de sus referencias personales. María Oropeza, cuenta que los prisioneros permanecían sentados y esposados en una cancha, donde eran identificados mediante números. En su caso, recibió el número 13.

Oropeza compara este mecanismo con el utilizado en un campo de concentración, al señalar que los detenidos dejaban de ser identificados por sus nombres y apellidos: "Estaban todos los prisioneros en la cancha sentados, esposados, y luego nos pusieron unos números. Mi número era el número 13 porque no tenías nombre y apellido, tenías un número como en un campo de concentración".

Perkins Rocha, quien permaneció 1 año, 5 meses y 25 días en El Helicoide, describe el impacto que tuvo la reclusión en su vida cotidiana y la pérdida de libertad durante ese periodo. "Dentro de El Helicoide yo entendí que todo es libertad. No tener libertad es estar muerto, muerto en vida", afirma.

Rocha también se refiere al efecto del aislamiento y la incertidumbre sobre sus seres queridos. Según su testimonio, durante ese periodo desconocía qué ocurría fuera del centro penitenciario y si sus familiares y amigos se encontraban bien.

"El aislamiento te pone en una situación absolutamente perturbadora mentalmente. Tú no sabes si alguien está preocupado por ti. Tú no sabes qué está pasando con tus seres queridos. Tú no sabes si tu mamá vive, si tu hijo se casó, si pudo concretar su trabajo. Tú no sabes si el mejor amigo está todavía desaparecido. Eh, tú no sabes si el mundo sigue girando", relata.

Entre los testimonios aparece la referencia a espacios conocidos dentro de El Helicoide como "presurizados". Según los protagonistas, varias personas permanecieron durante meses bajo este régimen y eran consideradas cercanas a María Corina Machado y Edmundo González por su participación en la campaña electoral.

Luis Tarbay señala que permaneció aproximadamente cuatro o cinco meses en esas condiciones.

Los testimonios describen además un trato que, según los detenidos, buscaba afectar su identidad y su estado psicológico. Uno de ellos señala que durante el primer año experimentó hostilidad y aislamiento.

"El primer año fue un trato de hostilidad. El primer año fue un trato de ninguneo, pero entiendo que en los sistemas de vocación totalitaria se hace esto para anularte como individuo, para anularte como ser humano, para que te sientas disminuido", expresa Dignora Hernández.

Otros relatos mencionan períodos de encapuchamiento, interrogatorios prolongados y restricciones de comunicación. Sulirma Vallenilla, abogada tributaria, cuenta que permaneció encapuchada durante los primeros cuatro días de su detención y recuerda un episodio durante un interrogatorio que le generó preocupación por su vivienda:

"Bueno, eso de estar encapuchada todo el tiempo durante los primeros 4 días fue terrible. Un día me ofrecieron un café. 'Tenemos que interrogarla' y me dan una taza que era mi taza de mi vajilla. Eso me desconsoló porque yo decía: 'Si están en mi casa, ¿qué pasaría con mi casa?'", señala.

Por su parte, Lourdes Villarreal relata que, durante su reclusión, recordó las palabras de una persona cercana que la instó a sobreponerse y mantener la voluntad de salir adelante. "Lourdes, tienes que sobreponerte. Eso es lo que quieren ellos, que te destruya; no dejes que te destruya el sistema", recuerda. Según cuenta, esas palabras la llevaron a reafirmar su decisión de luchar por su hija y por su libertad: "No, yo voy a luchar, voy a luchar por mi hija. Voy a luchar porque yo voy a salir de aquí."

Las condiciones materiales de las celdas constituyen otra parte del documental. Los entrevistados relatan interrupciones del servicio eléctrico, falta de agua y presencia de animales dentro de los espacios de reclusión.

Entre las situaciones descritas se encuentran interrupciones del suministro eléctrico, cortes de agua dentro de las celdas, el uso de espacios reducidos para las necesidades fisiológicas ante la falta de agua, la presencia de ratas y cucarachas, el ingreso o caída de animales desde los techos y la permanencia durante varios días con roedores dentro de las celdas.

Perkins Rocha describe cómo las fallas de electricidad y agua modificaban las condiciones de permanencia en las celdas. "El infierno ocurría cuando se iba la electricidad, que venía la oscuridad y al mismo tiempo venía la falta de agua".

María Oropeza también relata que las condiciones sanitarias se agravaban con la presencia de animales:

"Te podían cerrar la llave del agua para que no tuvieras agua, para que tuvieras que hacer pipí sobre pipí con las demás compañeras, aunque tú estuvieras en el periodo. Se te podían meter ratas y cucarachas que te caían del techo porque a mí me cayeron del techo mientras dormía. O sea, podía haber ese tipo de cosas y a ellos no les importaba, porque pasamos tres días con un ratón que no lo podíamos sacar porque estábamos encerradas".

Henry Alviarez también habla del impacto psicológico de la reclusión: "Viví un momento muy complejo que, si uno no está fortalecido espiritualmente, créeme que se derrumba, se derrumba".

Los protagonistas relatan interrogatorios que, según sus testimonios, podían extenderse hasta altas horas de la noche. También describen presiones para proporcionar información sobre otras personas vinculadas con la oposición.

Víctor Castillo, campesino gremialista, explica que los interrogadores buscaban obtener declaraciones sobre dirigentes y colaboradores:

"Ellos obligándonos a quebrarnos moralmente sobre todas las cosas, tratándonos de desmoralizar lo mayormente posible, obligándote a querer decir: 'Mira, fulano de tal, está comprometido con esto, di que María hizo esto, di que Pedro Juan dijo esto'", expresó. En otro caso, el protagonista afirma que permaneció 13 días esposado.

Los testimonios distinguen además entre distintos comportamientos de los funcionarios encargados de la custodia. Algunos detenidos señalan que hubo personas que manifestaron incomodidad ante determinadas órdenes, mientras que otros, según los relatos, actuaban de manera diferente.

María Oropeza relata que algunos funcionarios le dijeron que ciertas órdenes les resultaban incómodas, mientras que otros las cumplían de manera diferente. Uno de ellos le dijo:

"María, hay órdenes que siempre nos dan, pero quiero decirte que a algunos se nos hace incómodo seguir esas órdenes, como sé que había otros que lo disfrutaban".

El documental también aborda la definición de preso político desde las experiencias de sus protagonistas. Uno de ellos sostiene que las detenciones no se limitaron a dirigentes o personas con cargos políticos, sino que también alcanzaron a ciudadanos que tuvieron algún tipo de contacto con integrantes de la oposición.

En el documental se mencionan como ejemplos un vendedor que ofreció comida en un lugar relacionado con María Corina Machado, un taxista que trasladó a una persona vinculada con la oposición y un médico que atendió a una mujer relacionada con un grupo político adverso al Gobierno.

"Preso político es el que le vendió una empanada o un sándwich de pernil en la encrucijada de María Corina. Preso político es el taxista que le había hecho una carrera de taxi a un miembro de 20 de Venezuela. Preso eso político, también era para mí el médico que estaba atendiendo a una mujer que estaba vinculada a un grupo político adverso al régimen. O sea, el concepto de preso político es absolutamente muy estrecho. En dictadura somos presos de la arbitrariedad y presos del poder", afirma Perkins Rocha.

Más allá de las experiencias en prisión, los protagonistas explican qué los llevó a participar en la actividad política y qué razones identifican para continuar con sus posiciones.

Luis Tarbay vincula su decisión con sus hijos y con las condiciones que espera para las próximas generaciones: "Al final, nosotros tomamos la decisión pensando en el futuro, en nuestros hijos. Que ellos no tengan que pasar por esto que nosotros pasamos".

Víctor Castillo recuerda una conversación con su hija de seis años durante una interrupción del servicio eléctrico: "Papá", me dice, "ya yo estoy cansada de esto". Según su testimonio, ese episodio reforzó su decisión de continuar involucrado en la situación política del país.

Los entrevistados también hablan de la libertad como uno de los motivos centrales de sus decisiones y plantean que las experiencias de los últimos años deben quedar registradas.

Los protagonistas sostienen que documentar las detenciones es necesario para preservar los testimonios y establecer responsabilidades en el futuro.

"Creo que esto es una mínima cosa de lo que sucede en el país. Creo que esto es parte de lo que tenemos que hacer, de documentar, de crear memoria histórica en el país, porque sé que en algún momento nosotros vamos a poder obtener justicia, pero tiene que venir la reparación de daños a las víctimas. Y tiene que venir la no repetición", expresa María Oropeza.

Además, plantea que las generaciones futuras deberían conocer lo ocurrido durante los años de gobierno chavista y utilizar esa experiencia como referencia para evitar que vuelvan a producirse situaciones similares.

La producción recoge también una reflexión sobre la situación de quienes permanecieron detenidos y de sus familiares, al señalar que la privación de libertad de una persona tiene consecuencias para todo su entorno.

"Han sido 27 años de represión, persecución sistemática, ha sido la salida de millones de venezolanos, ha sido la muerte de muchos que por solamente defender sus ideales no cuentan hoy con la vida y el encarcelamiento de personas, de familias enteras. Porque cuando una persona tiene a su ser querido preso, también está preso allí con él", señala Freddy Superlano.

El documental concluye con testimonios que expresan la expectativa de un cambio político y la recuperación de las libertades democráticas.

"Decirle a la gente que este país va a salir adelante y que tenemos la mejor gente del mundo y que es el momento. A la gente hay que decirle que estamos en el mejor momento de la historia contemporánea venezolana. Estamos haciendo historia y que lo vamos a lograr. Vamos a ser libres", concluye Henry Alviarez.

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